El pánico escénico es muchísimo más común de lo que te imaginas. Por eso voy a hablar de esto otra vez.

AUTOR

Romina García Prieto

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El pánico escénico es muchísimo más común de lo que te imaginas. Por eso voy a hablar de esto otra vez.

En los cursos de oratoria in company lo abordamos casi siempre porque lo piden los participantes, y también es recurrente en las sesiones personalizadas, incluso con personas que tienen muchísima experiencia hablando en público y bajo presión.

Es que la ansiedad que provoca hablar públicamente estará siempre presente cuando lo que está en juego es importante. El punto es comprender que es normal, que es humano, que se supera con la práctica y que nunca se va del todo… y está bien que así sea.

Reflexionar acerca de este tema, capacitarte y prepararte bien; te va a permitir poner atención a lo importante: tu presentación. Y vas a poder disfrutar del compartir lo que tienes para decir, aunque sientas nervios.

Aquí les dejo un artículo que escribí hace un tiempo acerca de este tema: 3 conocimientos y 3 acciones para enfrentar el miedo a hablar.

Hoy quiero compartir y comentar unos extractos del libro «Póngase de pie y hable» de Dale Carnegie Training; que me parecieron fantásticos, por cómo están explicados.

Espero que les resulte de utilidad. A quienes ya pasaron por esto, para refrescar las ideas; y a quienes aún están lidiando con la aprensión a hablar en público, para que encuentren la fuerza para superarlo.

“A lo único que debemos tener miedo es al miedo mismo”Franklin D. Roosevelt

Primero vamos a analizar el miedo. Cuando alguien dice que siente miedo de hablar en público… ¿a qué le tiene miedo en realidad?

En general se trata de:

  • Miedo a uno mismo: simple y pura timidez.
  • Miedo a momentos similares en el pasado: el recuerdo, incluso subliminal, de algún episodio vergonzoso.
  • Miedo lo que piensen los demás: el cuestionamiento de la propia autoridad para hablar frente a un determinado grupo.
  • Miedo a la falta de preparación: el creer que debería pulir, modificar o descartar la charla.
  • Miedo a intentar cosas nuevas.
  • Miedo a la falta de aliento por parte de los demás.

Antes de seguir avanzando con la lectura, te propongo que releas las posibles causas que acabo de transcribir y, con toda tranquilidad, traigas a tu memoria la última vez que sentiste ansiedad para hablar en público. ¿Con cuál de estas causas te identificas?

Qué hacer con estos miedos

Para enfrentar estos miedos, Carnegie nos trae estos consejos:

  • Admite que no eres la única persona que siente estos miedos.
  • Intenta analizar a qué le tienes miedo y por qué.
  • Encuentra una motivación fuerte para hablar.
  • Prepárate.
  • Capacítate.
  • Inténtalo.
  • Habla únicamente de los temas que conozcas bien.

Una de las cosas que más miedo da es no ser perfectos. Nadie es perfecto ni perfecta, pero en nuestra irracionalidad, pretendemos serlo; y resulta que la perfección es lo opuesto a lo que un buen orador debería buscar, tanto en lo emocional como en lo físico.

La reacción binaria: huir o luchar

Cuando tenemos que hablar públicamente nuestro cerebro puede percibirlo como una situación amenazante y se prepara para reaccionar siguiendo el esquema aprendido y heredado desde la mismísima prehistoria. Esto es: huir o luchar.

Al cerebro no le importa que lo que tenemos enfrente no es un tigre diente de sable sino una reunión con nuestro jefe o con clientes. Para el inconsciente esas distinciones no existen.

Cuando sentimos estrés por una situación poco habitual, nuestra mente cree que estamos en peligro y se prepara para luchar o huir provocando reacciones físicas como la dilatación de las pupilas, palpitaciones, alteración del sistema digestivo, inhibición de las cuerdas vocales, temblores, parálisis del rostro, transpiración, etc.

Respecto a esto, Carnegie señala que muchas personas acostumbradas a hablar en público siguen experimentando estas sensaciones a pesar de la cantidad de charlas que han dado. Lo aceptan como algo natural y propio de la vida; y por ello no pretenden eliminarlo sino controlarlo.

El punto es ser pragmáticos, enfocarse en ejecución y no a la especulación o el perfeccionismo.

El pánico escénico aparece y desaparece, pero no para siempre. El quid de la cuestión es ponerlo en la perspectiva correcta, canalizarlo de manera positiva y organizarse (sí hablar en público, y hacerlo bien; requiere organización).

Requisitos esenciales para dominar el arte de la oratoria

Dale Carnegie nos habla de ciertos requisitos para dominar la oratoria. Estos son:

  • El deseo. El deseo fuerte y sostenido de hablar ante una audiencia y de establecer una conexión con ella. Pensar en los beneficios personales y/o económicos que nos va a reportar el ser capaces de expresarnos de manera más convincente. Pensar constantemente en ello, “hasta que el deseo por lograrlo queme por dentro”.
  • El conocimiento. Tener un conocimiento acabado del tema. Conocer el tema en detalle. A esto le llamo la regla de oro de oratoria: hablar de lo que sabemos. Muchas de las personas que me consultan por miedo escénico, sólo necesitan prepararse mejor (investigar, estudiar, profundizar y ensayar) hasta dominar su tema. Una vez dominado el tema, se sienten seguros o seguras, y fluyen alegremente en sus charlas.
  • La confianza. Si quieres ganar valor actúa como si tuvieras valor. Si quieres ganar coraje cuando enfrentas a una audiencia, actúa como si tuvieras coraje. Claro que, si no te preparas; esto no te servirá. Aquí Carnegie recomienda que, una vez que sepas de qué vas a hablar, subas rápidamente al estrado y respires hondo durante 30 segundos antes de enfrentar a la audiencia. Luego, párate bien erguido, mira a la audiencia a los ojos, y empieza a hablar con soltura, como si se tratara de un grupo de personas que te deben dinero.

Cierra este tema diciendo que «la primera manera, la última manera, la manera infalible de ganar confianza en uno mismo al hablar, es hablando». «Todo el asunto se resume en una sola regla básica: practicar, practicar y practicar».

El miedo deriva de la falta de confianza. Y la falta de confianza deriva de la falta de práctica. Cuando haya practicado lo suficiente, el miedo desaparecerá.

Toma conciencia de que la ansiedad de hablar en público estará siempre latente y que deberás controlarla durante toda tu carrera.

Convertirse en un orador u oradora con gran impacto es una tarea para toda la vida, nunca acaba. Es una experiencia dinámica, en la que constantemente aparecen nuevas ideas y nuevos sentimientos y en la que algunos sentimientos viejos pueden volver a aparecer, incluso el pánico escénico.

La reaparición del pánico escénico

La reaparición del pánico escénico puede darse cuando te distraes mirando a una persona del auditorio – y eso le ocurre a casi todos los oradores, principiantes y expertos – y así se generan pensamientos negativos que te auto sabotean.

O sea que, todo empieza cuando se pierde el foco. Una distracción menor, y la concentración se vuelve cada vez más difícil. Como resultado, te sentirás con nerviosismo, temor, incomodidad o sufrirás olvido repentino.

Para ello, el autor recomienda tener y repasar una breve lista mental antes de subir al estrado. Recordar:

  • Que te preparaste al límite de tus posibilidades.
  • Que investigaste y ensayaste.
  • Que no vas a juzgarte mientras dure la charla
  • Que no permitirás que la reacción de nadie de la audiencia afecte tu disertación.
  • Que lo único que debes hacer es tratar de sentirte bien.

Es tu momento de dar, no de recibir; y no puedes ser orador y audiencia al mismo tiempo.

Cuando estés a punto de comenzar la disertación, piensa qué aspecto es absolutamente prioritario para ti. Qué es lo que sí o sí debes recordar. No pienses en eso mientras estés hablando. Hazlo antes. Ejemplo: si lo que más te importa es la postura, hazte una nota mental de permanecer erguido; si tu prioridad es hablar con claridad recuérdatelo. No abarques demasiados aspectos porque reducirá el beneficio del ejercicio. Elije uno y elíjelo bien.

Lo último -nos dice – predisponte a disfrutar de tu presentación. Este es el momento en el que podrás compartir lo que te esforzaste para conseguir. Es un momento para pasarla bien, no para corregir errores reales o imaginarios. Ya habrá tiempo para eso.

«Deja que las ideas y las emociones de tu charla tomen el control. No permitas que los detalles insignificantes empañen tus sentimientos.»

«Transmite tu pasión. Porque a lo único que debes verdaderamente tener miedo, es al miedo mismo.»

Fuente citada: p. 43. Dale Carnegie Training, (2022) Póngase de pie y hable, Editorial Sudamericana, Argentina.

Comentado por Mg. Romina Garcia Prieto

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