En oratoria, hacer una pausa es hacer silencio.
La pausa bien usada tiene el poder de realzar las palabras y lograr efectos especiales en un discurso. Por ejemplo:
- Haciendo una pausa antes de decir algo, crearemos expectativa y ganaremos la atención de los oyentes.
- Haciendo una pausa luego de decir algo, las palabras dichas adquieren fuerza y presencia.
Asemás, la pausa bien utilizada es una gran organizadora:
- Ayuda a quien habla: a ordenar sus ideas, a encontrar la palabra justa, a tomar aire y a regular las emociones intensas.
- Ayuda a quien escucha: le da tiempo para procesar la información recibida.
La pausa es un recurso bello y poderoso que requiere un entrenamiento sencillo pero indispensable hasta que nos habituamos al silencio y le perdemos miedo.

1. Entrenar signos de pausa
Lee un texto en voz alta prestando atención a las pausas ortográficas que propone el texto: los puntos, las comas, los punto y aparte, etc.
Si tienes dudas, puedes consultar este Manual de Uso de los Signos de Puntuación o este artículo de RAE
2. Entrenar pausas aleatorias
Lee en voz alta un mismo párrafo varias veces, del siguiente modo:
Haz una lectura más y, en cualquier lugar del texto, haz una pausa enorme, de 10 segundos y oblígate a sostenerla.
Lee respetando la puntuación del texto. Cada pausa debe ser de, al menos, 3 segundos.
En las próximas lecturas, haz pausas en sitios diferentes y aleatorios del texto y comprueba que se sigue entendiendo.